Fernando Fernández: “La persecución política en Venezuela es un crimen de lesa humanidad”

Desde 1977 Fernando Fernández ha dedicado su labor como abogado a los temas de derechos humanos, fue presidente del Comité Ejecutivo de Amnistía Internacional Venezuela, es profesor de Derecho Penal Económico, Derecho Penal Internacional y Derechos Humanos. Actualmente es director del Monitor de Derechos Humanos (@DhMonitor), una iniciativa que tiene la misión de informar, educar y difundir contenidos sobre derechos humanos. Recientemente, este experto ampliamente conocido puso el foco en los derechos vulnerados en las recientes elecciones municipales y regionales en Venezuela, tanto a los electores como a los actores políticos

Días antes de la jornada electoral del 21-N usted comentaba en un tuit que uno de los crímenes de lesa humanidad que investiga la Corte Penal Internacional es el de persecución y lo vinculaba el tema electoral venezolano. ¿A qué se refería con ese comentario?

La persecución es un crimen de lesa humanidad y está tipificado en el artículo 7 del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Consiste en la eliminación de derechos o en su reducción a un punto tal que implica una destrucción de la naturaleza de derechos y sus atributos fundamentales, de su esencia y de su fundamento, de tal manera que el derecho queda hecho trizas. Entonces, en el caso venezolano se suspendieron derechos de muchos dirigentes al encarcelarlos, al mantenerlos bajo procesos penales, al inhabilitarlos, entre otras limitaciones. Ahí tenemos claramente establecido ese crimen de persecución, pero eso se extiende también a otras conductas que inhiben el comportamiento de los votantes al desestimular el voto, al no haber propaganda electoral de parte de los opositores porque están impedidos y no tienen los recursos del Estado, mientras el gobierno gasta sin ningún tipo de control ni transparencia los recursos públicos que usa a su favor exclusivamente. Entonces, cuando hablamos de persecución nos referimos a todo eso como conjunto.

¿Cuáles son las mayores vulnerabilidades que encuentra como defensor de derechos humanos al proceso electoral que recién se dio en Venezuela?

Algunas de ellas las encuentro en torno a la persecución que también ha habido contra las organizaciones de derechos humanos que defienden a víctimas tanto potenciales como reales, un acoso permanente, una propaganda negativa, una satanización de las ONG; es una persecución también en la medida que se imponen unas normas administrativas sumamente severas pues se les restringe tanto la posibilidad de obtener financiamiento para su trabajo, que hace prácticamente dificilísimo y casi imposible el obtener los recursos para pagar al personal, los proveedores y garantizar el funcionamiento de las ONG. A eso nos referimos cuando hablamos de las vulnerabilidades para los defensores de derechos humanos que pueden y deberían volcarse también a defender los derechos políticos tan importantes como los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Eso es parte de las vulnerabilidades que veo.

Los derechos políticos de la ciudadanía se han vulnerado desde hace varios años de diversas maneras: inhabilitando candidatos, migrando arbitrariamente centros de votación, no permitiendo nuevos inscritos en el Registro Electoral, un CNE poco o nada confiable, etcétera. Sin embargo, los defensores de derechos humanos suelen motivar a la población a ejercer su derecho al voto, pero ¿cómo hacerlo en condiciones tan adversas?

Todo ese que menciona constituye parte fundamental del crimen de persecución, que se refiere también a esas dificultades que imponen de manera profesa, planificada, para impedir el derecho al voto o el derecho a elegir, que sería la forma más correcta de mencionar ese derecho. El voto es la expresión de esa elección. Entonces, creo que lo que tenemos como misión las ONG de derechos humanos, en primer lugar, es insistir en la educación política, pues sólo mediante el voto se puede lograr algún cambio.

La abstención como manifestación de la política se debe también a las dificultades materiales de acceder a los centros de votación. Pero podría ser también un acto de indiferencia o de antipolítica; la abstención tiene distintas fuentes, distintas maneras de verla. No es una cuestión monolítica. Sí, primeramente se da porque los electores se oponen al status quo. Muchas veces es porque no tienen el tiempo o porque no les interesa o porque se han abandonado a una suerte de desdén por la política. Eso es lo que en la época de la Grecia clásica, concretamente en Atenas, se llamaba la idiocia, el carácter según el cual las personas no participan en el hecho político, en la vida de la ciudad, en la vida de la polis, de manera tal que constituye una manifestación muy adversa a la democracia y es justamente ese el caldo de cultivo para el fenómeno autoritario. Cuando la gente empieza a abstenerse como rutina, como forma de comportamiento omiso, eso lo aprovechan justamente los autoritarios y los líderes negativos para medrar en contra de la democracia, que tiene sus debilidades es cierto, pero no es menos cierto es que permite la alternancia y que los mejores puedan aspirar también a los cargos de elección popular.

Los actores políticos han sufrido fuertes arremetidas desde hace años y en esta ocasión, pese a las negociaciones que ofrecieron cierto oxígeno para algunas, el escenario político siguió siendo adverso para ellos. En el plano de los derechos, ¿qué opción le queda a la dirigencia para devolverles la democracia a los venezolanos?

Lo primero es la renovación de los cuadros, segundo el fortalecimiento de lo que existe. No creo que pueda darse un cambio generacional automático y un ‘barrido y cuenta nueva’ de todo lo que existía. Creo que hay que tomar lo mejor que lo había y desechar lo peor. De manera que eso permita esa experiencia a los nuevos cuadros que se van formando y poder recibir la sabiduría que da la experiencia en el sentido positivo y también la racionalidad que implica poder desechar todo aquello que es negativo como malos ejemplos, corrupción, etcétera. Sin duda alguna, la dirigencia tiene enorme desafíos y uno de ellos es darle paso a las nuevas generaciones. Lo otro es empezar de una vez a poner de moda la democracia y eso implica un esfuerzo muy grande de educación, del uso de todas las estrategias posibles para hacer llegar el mensaje. Las redes sociales los medios de comunicación son un vehículo estupendo, no podemos suprimirlos. No creo que podemos pensar en un dilema de blanco o negro, y decir que los medios de comunicación son malos o que las redes sociales son falsas, no, ambas tienen sus debilidades y pueden desviar la atención de los problemas centrales, pero también usadas de manera creativa, de manera positiva, suelen ser los mejores aliados de una democratización y una reinstitucionalización de la democracia.

Creo que hay que rescatar los valores de la democracia y hacer que el individuo venezolano se comporte de manera democrática siempre. Eso, por supuesto, es el desafío mayor y es el que hay que perseguir. Muchas veces uno oye decir a la gente que elegir a fulanito es un mal menor. Bueno, eso puede ser, pero siempre que optemos por un mal menor estamos dentro de la naturaleza del mal. Creo que hay que ir más bien apuntando hacia el bien mayor, que siempre será la democracia y los derechos humanos. Creo que tenemos que unir los esfuerzos de los actores y de la dirigencia en torno a ello.

Fernando Fernández.
Director del Monitor de Derechos Humanos

¿Cuáles cree que fueron las irregularidades más destacables de interés para los observadores internacionales?

Creo que lo primero fue la enorme corrupción de peculado de uso que se dio, hablamos de cantidades brutales que desde que ha sido instrumentado por el sistema del cual tenemos ya veintitantos años, se ha convertido en una especie de rutina, es una entidad catastrófica porque conduce a una perversión total de la vida política y de la vida democrática. Pensar que se utilicen ambulancias de los hospitales, autobuses de instituciones del Estado o de los ministerios para transportar gente a los centros electorales creo que es el problema más grave de lo cual tomó nota la observación internacional. El otro aspecto de mucha importancia es el abuso de la propaganda, que es una manera también de gastar el presupuesto público en fines propios para el partido de gobierno. Pero, además de eso, obligar a las empresas de comunicaciones privadas a transmitir la propaganda particular del partido oficialista también es un hecho sumamente importante. El tercer aspecto que resaltaría es algo que omitió el informe preliminar de la Misión de Observación de la Unión Europea y es el tema de la militarización del Plan Republica. Si se necesitan medidas de vigilancia, de preservación y de custodia de los centros electorales y de los funcionarios electorales no tiene por qué ser que la Fuerza Armada la que se encargue. En el problema que hubo en Barinas vimos las dificultades que presentó eso:
el jefe del Zodi tomó las actas que confirmaban la tendencia que se veía en todas las mesas electorales que no favorecían al partido de gobierno. Eso denota que la Fuerza Armada no debería asumir el resguardo de los centros electorales. Esa militarización data de cuando se logró la pacificación porque se justificaba que estuviera militarizada cuando existía la lucha armada en los años sesenta, pero luego de eso no tenía justificación.

Otros temas muy importantes son insistir en la liberación de los presos políticos, en la legalización de los partidos políticos que estaban inhabilitados, en la eliminación de ese oprobio que es ese sistema de la Contraloría General de la República para inhabilitar políticamente por muchos años a cualquier opositor y a cualquier disidente que les parezca de manera discrecional y sin control alguno ni transparencia.

¿Cómo afecta ese tipo de situaciones la garantía de los derechos humanos de la población?

El tipo de situaciones presentadas en las elecciones de noviembre afecta enormemente los derechos humanos de la población. No olvidemos que los derechos humanos son un sistema, constituyen un sistema integral. Si tú alteras uno de los derechos toda la cadena del sistema se rompe, sufre o simplemente se altera. Si se restringen los derechos políticos o simplemente se eliminan como lo he descrito, eso termina afectando todos los demás derechos porque, por ejemplo, al afectar la libertad de expresión se afecta el derecho a la información y a su vez afecta la libertad para elegir. Entonces, se rompe la cadena del derecho humano y pone en peligro todos los derechos, desde el derecho a la vida para abajo.

¿Cómo sería posible superar los obstáculos para tener jornadas electorales que respeten los derechos políticos de los electores y de los actores en la contienda?

Creo que estamos en los comienzos de una transición hacia la democracia, demostrado con el voto valiente, con la actitud beligerante, con la actitud pacífica con que los electores fuimos a las urnas. Manifestamos nuestra opinión en el plano más básico, que es el de la votación a nivel municipal, digamos se le hizo frente al llamado Estado Comunal, a ese engendro inconstitucional que ha generado controversia en el país. Creo que ese es el punto más importante que se puso en evidencia. Entonces, lo que hay que hacer es continuar en la búsqueda de nuevos votantes. Hay que empezar también por la inscripción de los votantes, trabajar en revertir la tendencia perversa del ‘no voto’, de la antipolítica, del abstencionismo como valor fundamental, como si fuera un bien en sí mismo, como si fuera un derecho humano, cosa que es contraria a los derechos humanos porque éstos no son en negativo, no existe el derecho a no elegir, no existe el derecho a la no vida, no existe el derecho a la no esclavitud. Ese tipo de cosas no se conjuga en negativo, sino siempre de manera afirmativa, por eso abstenerse es una opción, pero no un derecho humano en sí mismo. Lo que existe es el derecho a elegir y dentro de ello el derecho al voto, el derecho a la democracia y a la alternancia democrática. Esa es la manera de conjugar los derechos humanos.